Un hombre que fue hasta el infierno

Un pobre hombre vivía muy angustiado por no encontrar trabajo, tenía una gran familia que mantener, y las cosas no estaban resultando muy favorables. En su desesperación, un día dijo sin pensar que trabajaría para el mismo Diablo de ser preciso, y fue entonces que una oferta apareció frente a él.

Un hombre vestido con elegante traje negro, casi lo arrolla con su auto y se defendió alegando que no estaba acostumbrado a conducir esa clase de aparatos, por lo que le ofreció trabajo de chofer a cambio de olvidar la ofensa. El hombre aceptó de inmediato, no quiso saber sobre detalles o condiciones. Solo se montó en el coche y dijo:

—¿A dónde lo llevo señor? —y así empezaba su primer día de empleo. Dieron vueltas por toda la ciudad, el elegante hombre visitaba tanto a empresarios como a personas humildes para aparentemente firmar contratos; al final de día, lucia cansado de ir y venir, por lo que dio indicaciones para ir a casa.

Llegaron a una apartada construcción fuera de la ciudad, con enormes y gruesas rejas negras, y un par de pesadas puertas eléctricas que al abrirse mostraron una ostentosa construcción a modo de castillo medieval, allá en el fondo y a mitad del camino un pequeño puente de piedra.

El conductor estaba sorprendido con todo lo que veían al pasar, antes de eso no tenía idea de lo que el dinero podía comprar y se encontraba tan distraído, que no se dio cuenta que al cruzar bajo el puente, en realidad estaban entrando en un largo y oscuro túnel. Fue minutos después que reaccionó, pues un calor intenso le hacía sentir sofocado y sudoroso, además era extraño no ver nuevamente las luces, si el camino que divisó antes no era tan largo.

Unos metros más, terribles gritos de dolor retumbaron en sus oídos y detuvo el coche asustado. Volteó a la parte de atrás para busca una explicación con su jefe, y este se estaba despojando de sus ropas, también de su piel… de su disfraz, dejando al descubierto lo que en realidad era.

—Dijiste que estabas dispuesto a trabajar para el mismo Diablo. ¡Anda!, sigue conduciendo, llévame a casa —dicho esto unas fuertes llamas derritieron las paredes de piedra, dejando al descubierto aquel terrible lugar donde millones de almas eran torturadas y sometidas a los peores castigos.

Después de llevar al maligno hasta su trono, el hombre recibió su paga: ninguno de sus familiares iría a parar ahí, siempre y cuando él volviera a trabajar cada día de mañana.

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