Para despedir un muerto

En vida, don Romualdo siempre expresó su deseo de que nadie estuviese triste en su funeral, pidió que le llevaran la banda y se organizara una gran fiesta; dejó dinero suficiente para que todo se hiciera como dispuso. Sin embargo el avaro hijo, tomó para si todos los fondos, argumentando que le hacía más falta a él que seguía vivo, que a su padre muerto.

Sabiendo esto, la gente de pueblo no dejó que la despedida de su querido viejo, fuera en contra de su voluntad. Todos cooperaron para cumplir sus deseos y dieron en su honor una gran fiesta en la que todos sonrieron a cada momento.

Al siguiente día, encontraron al joven tacaño tirado en el panteón, sobre la tumba su padre, pedía entre lágrimas perdón, uno que nunca obtuvo, pues el demacrado espectro de padre, se postró noche tras noche al pie de su cama, para señalarlo con su dedo acusador.

cuentos muerto

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