El polvo mágico

Emilio se encontraba muy nervioso antes de las pruebas para entrar al equipo de basquetbol, pues le habían rechazado más veces de las que quería contar y todo por ser más bajo que los demás, ni si quiera le daban oportunidad de jugar un poco y mostrar lo que sabía, sin embargo, él no se rendía, volvía cada año, para intentarlo con mayor convicción.

Pero, en esa ocasión al verse rodeado de los otros chicos, su ánimo se fue para abajo, se veía realmente pequeño entre todos ellos, algunos parecían mayores por su estatura y complexión física. Lucían aún más grandes que las veces anteriores cuando no le dieron oportunidad alguna, suponía que esta vez, sería imposible.

Por un momento pensó abandonar las pruebas, pero su hermana pequeña que lo acompañaba, le hizo esperar un momento, después lo roció con su polvo mágico, ese que hacía a las personas ser más rápidas, saltar más alto, ser más fuertes, tener mayor habilidad con el balón y por supuesto, mejor puntería.

Hizo unas cuantas danzas raras a su alrededor diciendo lo importante que eran para ella aquellos polvos que usaba en el ballet, y admitiendo que solo los compartiría por una buena causa, pues no quería desperdiciarlos ya que quedaban pocos.

Al ver la tierna cara de su hermanita, Emilio no pudo romperle el corazón, hizo temblar su cuerpo y dijo que ya había sentido que el polvo mágico funcionaba. Salió y jugó como nunca, motivado por la sonrisa y los gritos de pequeña hermanita.

Al terminar, lo aceptaron el equipo, él agradeció a la niña por los polvos mágicos, pero ella dijo que eran solo brillos para el cabello, y que la magia estaba en la motivación para hacerlo. Siempre que encontrara una buena razón para hacer bien las cosas, estas saldrían mejor de lo esperado.

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