El árbol y la princesa

Erasé una vez una princesa caprichosa y malhumorada, que no movía ni un solo dedo, solo daba descabelladas órdenes a todos, y además lo hacía de forma grosera. Para evitar este comportamiento, el rey la envió sola a una apartada cabaña a mitad del bosque, así, tendría que hacerlo todo por si misma si deseaba salir adelante.

Lo único que la chica hizo al llegar a su nuevo hogar, fue rabiar y rabiar, sin embargo, tuvo que callar en algún momento, pues no hubo quien la escuchara, sus órdenes ahí no valían, los animales y árboles del bosque no podían cumplir sus caprichos, ni escuchar sus groserías, estaba completamente sola.

En pocos días supo que no era nada sencillo cuidarse a sí misma, mucho menos cumplirse tantos caprichos; en poco tiempo acabó con las provisiones que tenía, y sus ostentosos vestidos y joyas no eran más que un estorbo. En un principio las dificultades fueron muchas, ella no sabía hacer nada, siempre había sirvientes a su alrededor que le facilitaban la vida, pero ahora a paso lento, estaba aprendiendo muchas cosas.

En sus caminatas por el bosque en busca de alimento y leña para su chimenea, se encontró con un pequeño árbol, delgado, frágil y un poco amarillento, nada comparado con los frondosos pinos que crecían a su alrededor, a ella esto le disgustaba, creía que aquel enclenque árbol desentonaba con el paisaje. En más de una ocasión, intentó tirarlo, pero su tronco era más fuerte de lo que en realidad parecía. Finalmente, en contra de su capricho, aprendió a vivir con él.

Lo vio resistir fuertes vientos y tormentas de nieve, y seguir plantado ahí como si nada hubiese pasado, pronto sus hojas tomaron color y comenzó a crecer poco a poco; sin darse cuenta, la chica lo saludaba siempre que pasaba por ahí y lo trataba como un amigo.

Cuando el rey vino a visitarla y vio cuanto la chica había progresado, le dio la buena noticia de que podía volver a casa, ella se puso muy contenta, y antes de recoger sus cosas, fue a despedirse de su amigo el árbol, pues gracias a él tuvo la fuerza de salir adelante, al verlo resistir la adversidad siendo tan frágil y pequeño, supo que ella también podría hacerlo.

Después de su partida, la princesa volvió frecuentemente a visitar a su amigo el árbol y contarle como su actitud hacia los demás había cambiado, y así siguieron juntos creciendo por muchos años.

 cuentos infantiles arbol y princesa

{ 0 comments… add one }

Leave a Comment

Next post:

Previous post: