De profundis

Parecía estar descansando plácidamente, pero en cualquier instante saltaba de la cama, buscando herir a quien estuviera presente, por este motivo, no había quien quisiera cuidarlo. Pasaba la mayor parte del tiempo sedado, hundiéndose en aquellas terribles pesadillas que le robaron la razón.

Fue la solución más viable para todos, excepto para él, estando dormido, solo se convertía en presa de aquella tortura que nadie entendía. Cuando estaba cuerdo, no era un tipo muy expresivo, pero nunca se le vio como hoy, parecía estar hundido en una depresión oscura, aderezada con incontables pesadillas.

Un día antes de que lo encontraran en el bosque, famélico y muerto de frio, dijo algo sobre una mujer en el parque donde habitualmente corría, eso fue lo último que sus hijos supieron de su vida. Al día siguiente, se encontraba en servicio de emergencia, sedado, pues no pudieron callar sus gritos o detener los ataques a las personas que lo rodeaban. Su estado resultaba bastante inquietante, solo pasaron un par de horas y lucia como si se hubiese perdido por días; pálido, delgado, desnutrido, pero asombrosamente limpio y sin marcas de algún tipo.

Salvo aquella extraña manía de atacar al prójimo, no encontraron nada malo en él, a pesar de lucir tan débil. Su familia no pudo pagar más los servicios médicos, así que lo llevaron a casa, donde algunas veces tenían que atarlo a la cama. Eso era lo que sucedía en el mundo real, mientras en sus pesadillas: hablaba con la chica del parque, ella lo retaba a correr unos kilómetros más, no podía negarse a su traviesa sonrisa, la seguía hasta el bosque cercano, jugando a las escondidillas entre los árboles. La mujer se dejaba atrapar entre sus brazos, coqueteaba y después huía de sus besos. Luego, ella se pierde por unos minutos, él la busca desesperadamente, solo encuentra sus prendas regadas por ahí, después algo de piel, se mueve más rápido, horrorizado pensando que algo le ha pasado, y la ve a lo lejos, arrancándose el cuero con sus propias manos, quitándose un disfraz que ya le molestaba, esos terribles ojos amarillos ven al sujeto, se abalanza sobre él, el simple roce de su verdosa piel causa inmovilidad en el hombre que cae como roca al suelo, y sin poder defenderse mientras ese ser extraño le absorbe la vida…

Entonces el grita lleno de desesperación y miedo, siente que puede mover su cuerpo, el instinto primario le dice: «ataca si quieres sobrevivir«… y así lo hace aunque no se encuentre ya en medio del bosque, aunque eso haya sido un mal recuerdo convertido en pesadilla de la cual no podía escapar.

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