Travesura infantil

Paco y Emilio acostumbraban entrar a hurtadillas a la granja de Don Pascual, ahí robaban frutas, verduras, huevos y todo lo que el pobre viejo tuviera en ese momento. Sin embargo él ya estaba cansado de que entraran como si fuera su casa, y tomaran lo que les viniera en gana sin que los padres los reprendieran.

Así que contrató a otro chico de los alrededores, el cual se disfrazó de espantapájaros, para pegarles tremendo susto en su próxima visita. Ese día, cuando los ladronzuelos aparecieron, el espantapájaros bajó de su puesto y salió corriendo detrás de ellos. Los chicos gritaban y lloraban como nunca en su vida, se llevaron una desagradable sorpresa y por días se negaron a salir de su casa.

Indagando un poco, los padres de los chicos se enteraron de lo sucedido, y fueron donde Don Pascual con sus reclamos, lo culpaban a él de que los niños estuvieran muertos de miedo; a nadie le interesó saber sobre las maldades de estos pilluelos, después de todo era tan solo una travesura infantil decían.

Los días pasaron, Paco y Emilio volvieron a las andadas, pero esta vez, entraron a la casa de Don Pascual para hacerse de cosas. Nuevamente las quejas del señor fueron ignoradas, y así con el paso de los años, los bribones imprimieron intensidad a sus fechorías.

Un día, se enteraron de que el viejo tenía una gran cantidad de dinero con la que pagaría la fumigación y medicinas para el ganado, y así nada más fueron a robarlo. El pobre hombre no pudo solventar los gastos y quedó en la ruina, recibió por parte de los padres miles de disculpas, pero eso no le devolvía toda una vida de esfuerzos.

La lección entonces fue para los padres, porque un castigo a tiempo vale más que una vida de disculpas. Consideraron indefensos los actos de sus hijos, dejándolos crecer, y dando el mensaje equivocado de que sus actos no tienen consecuencias.

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