Sephrenia

Había una vez un hada buena llamada Sephrenia, ella era muy alegre y divertida, también un poco traviesa; pero una cosa que no la dejaba ser completamente feliz y es que no habida recibido jamás un abrazo sincero, y esperaba que algún día, alguien la acurrucara en sus brazos sin pedir nada a cambio.

—No es fácil ser un hada buena —dijo un día el hada en voz alta sin darse cuenta que un periquito verde y azules la escuchaba—. Todo el mundo espera que haga cosas por ellos, pero nadie piensa que en mí, y que necesito cariño —rompiendo a llorar—. Buaaaaaah, buaaaaaah!.

—Déjame beber una de tus lágrimas —dijo de pronto el periquito.

—¿Quien anda por ahí?
—dijo el hada—. ¡Oh, si es un periquito!, ¿Por qué quieres beber una de mis lágrimas?.

—Todas las aves del bosque sabemos que las lágrimas de un hada buena son el néctar más refrescante que existe.

—Estoy triste perico, hoy no tengo ánimo para buenas obras. Por favor déjame tranquila.

—Sephrenia, quiero darte un abrazo —dijo el periquito dando un saltito.

—Jajaja, ¿un abrazo?, ¿Cómo podrías hacerlo con esas alitas?.

Entonces el periquito, se fue volando muy triste a causa de la actitud del Sephrenia quien continúo llorando desconsoladamente.

Cuando su hermana llegó, decidió llevarla con el enano de la torre, pues no era normal que un hada buena estuviera tan triste. Sephrenia le explicó al enano que estaba cansada de ser tan buena y no recibir nunca una muestra de cariño sincero, después rompió en llanto, y los pajarillos se amontonaron para beber el charco de lágrimas, acto seguido, todos se convirtieron en niños y niñas, que la abrazaron tiernamente como agradecimiento.

Desde una ventana cercana, se escuchó una voz que pedía amablemente beber sus lágrimas, era el periquito de plumas verdes y azules al que antes había ofendido. Él se acercó volando a la mejilla de Sephrenia, bebió la última gota, entonces se convirtió en un apuesto joven, el cual confeso que la observaba todos los días desde la ventana, y se había enamorado perdidamente de ella, solo que temía su rechazo al ser tan solo un pajarillo a causa de un hechizo. Esa mañana él solo buscaba consolarla, y hacerle sentir su amor a través de un abrazo. Pero las cosas no resultaron.

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Pero tuvieron una segunda oportunidad, él la tomó entre sus brazos tiernamente y estuvieron juntos, felices por siempre.

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