Luces y sombras

El padre de dos hijos se encontraba muy preocupado porque el final de sus días se acercaba y aun no les había dado el consejo de vida que él alguna vez ansió escuchar de su progenitor.

Esa noche, sus retoños lo acompañaban en el hospital, y les pidió agua, ninguno de ellos pudo dársela porque estaban en completa oscuridad; encendieron las luces, pero estas brillaron intensamente cegándolos por unos momentos.

Fue ahí que el hombre recordó haber leído en alguna ocasión que, “Ni en la luminosidad absoluta ni en la completa oscuridad el hombre puede ver. Y es así como estamos hechos los humanos, de luces y de sombras, para podernos ver los unos a los otros”.

Dijo entonces a sus hijos, —El mejor lugar para brillar es en la oscuridad, no sean invisibles.

En ese momento, los chicos no comprendieron lo que el hombre decía porque estaban sumidos en su pena, pero cuando todo paso, supieron que el realmente se refería a que todos somos bien y mal, cada cual elige el lado a desarrollar. Tenemos que conocernos, saber lo que hay dentro, buscar la manera de ser mejores cada día para superar todo lo malo, pues lo positivo y lo negativo, son necesarios para seguir creciendo y para encontrar el propio camino en la vida. Si uno se inclina demasiado a uno de los lados, en cierto momento se vuelve invisible, la clave es encontrar un equilibrio.

En el momento que entendieron las palabras de su padre empezaron a aplicar esta filosofía, dándole oportunidad de que ver con sus propios ojos, lo mucho que ellos luchaban por encontrar su camino, guiados por aquellas sabias palabras. Así cuando le llegó el momento de marcharse, pudo hacerlo en paz, pues les había dado a sus hijos, el mejor de los regalos.

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