Las cuatro semillas

El pequeño Rodrigo se encontraba molesto con su madre, pues creí que ella tenía un hijo favorito. Había llegado esta conclusión porque parecía que su hermano se llevaba todas las atenciones.

Cuando trataron el tema, poco significado tuvieron las palabras de la señora ante el lastimado Rodriguito, así que ella, le dio cuatro semillas, y dijo que hablarían nuevamente cuando estas hubiesen germinado y se convirtieran en platitas.

El niño siguió las indicaciones de su madre para tratar a los granitos de frijol y al pasar de los días, se sentaron a compartir el progreso. Una de las semillas no había brotado, un retoño salía del frasco y otro se estaba inclinando, el otro parecía crecer de manera normal. Investigando un poco, supieron que la última semilla no brotaba por exceso de agua, por lo mismo se inclinaba una de las ramitas, así que regaron menos.

Entonces las otras dos ramitas comenzaron a secarse, estas necesitaban más agua. Así que Rodriguito propuso darle a cada uno su frasco. Pues las que estaban creciendo necesitaban mucha agua, sin embargo esto afectaba a la que apenas salía y la que se iba de lado.

Con cada una en su frasco, Rodrigo les daba distinta cantidad de agua, algunas estaban al sol, otras a la sombra, la más grande ya atraía bichitos, y le puso un mosquitero, la más pequeña lo tenía constantemente investigando.

En su próxima reunión la señora, preguntó porque el trato tan distinto a cada ramita si todas eran iguales, parecía que quería más a la pequeña porque siempre estaba con ella, Rodrigo respondió que no eran iguales aunque hubiesen salido todas de donde mismo, pues cada una de ellas tenía sus propias necesidades, solo le dedicaba más tiempo a la que lo requería.

La señora sonrió, y dijo: —Igual que yo, contigo y tu hermano.

Entonces Rodriguito también sonrió y jamás volvió a cuestionar sus actos.

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