La princesa de fuego

Había una vez una princesa poseedora de una gran fortuna; que estando cansado de que la pretendieran tan solo por sus riquezas, mandó publicar que se casaría con quien lograra darle un regalo valioso, que evidenciara ternura y sinceridad. Poco tiempo después, el palacio estuvo lleno flores, cartas de amor y poetas. Resaltando entre todo aquello, se encontraba una simple y sucia piedra. Inmediatamente, se mostró indignada e hizo llamar a autor del regalo.

El joven explicó que ese era su corazón, tan duro como una piedra, pero capaz de ablandarse con el amor. Después solo se marchó, dejando a la princesa muy intrigada. Ella se dedicó por meses a llenarlo de regalos y atenciones, pero su corazón seguía siendo tan duro como la piedra que llevaba siempre la princesa consigo a todos lados.

Desanimada la joven, arrojó la piedra al fuego; en ese momento la arena se deshizo y descubrió una bella pieza de oro. Entonces comprendió que ella misma tendría que ser como el fuego, y transformar cuanto tocaba separando lo inútil de lo importante.

Entonces la princesa se dedicó a hacer el bien a los demás, dejó atrás lujos y exceso, para darle a su gente alimento y educación. Todos amaron su nueva personalidad, y comenzaron a llamarla cariñosamente, “La princesa de fuego”, por ese calor que transmitía a los demás.

Ese calor, deshizo la dura corteza del corazón del joven, el cual resultó ser tan tierno y justo que hizo feliz a la princesa hasta el fin de sus días.

Pedro Pablo Sacristán

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