La gotera

Pedro y Ana se mudaron a su casa nueva, aquella que habían comprado con los ahorros de años y años de trabajo duro. Estaban muy contentos poniendo cosas aquí y allá, haciendo planes, viendo hacia el futuro, soñando. Les hacía tanta ilusión decorar, que terminaban sus días muy cansados e iban directo a la cama.

Un día Ana descubrió una pequeña gotera en la cocina, la cual Pedro prometió arreglar al siguiente día, pero pasaron el tiempo haciendo otras cosas, así que lo dejaron para el próximo día, en el cual nuevamente no se dieron el tiempo y fueron posponiéndolo, hasta que definitivamente se acostumbraron a que la gotera estuviera ahí.

Les llevó mucho tiempo dejar la casa como querían, no obstante al fin lo lograron. Se sentaron a disfrutar su obra, gustosos de lo que heredarían a sus hijos, pero las paredes empezaron a caer una tras otra. Aquella gotera que alguna vez les pareció tan insignificante y con la que se acostumbrado a vivir, había soltado litros y litros de agua, que se colaron entre los muros, humedeciéndolos hasta el punto de que no pudieron sostenerse más.

Su sueño hoy no era más que ruinas, y todos sus años de trabajo terminaron tirados en el suelo. Fue una dura manera de saber que hasta el detalle más pequeño puede cambiar la vida de forma radical, por lo que se debe poner atención a ellos, aunque parezcan no tener importancia. Los problemas aunque sean pequeños, deben resolverse al instante, antes de permitirles causar un daño mayor.

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