La esperanza de un sueño

Cuando el grillo descansaba a un lado del sendero, pasó frente a él una oruga, que caminaba muy decidida en una sola dirección. Al ver esto, el grillo quiso detenerlo para saber a dónde se dirigía, pero el gusanito llevaba prisa, así que respondió sin disminuir el paso: —Anoche soñé que desde la punta de aquella montana se podía ver todo el valle. Así que realizaré mi sueño, y llegaré hasta allá.

Tal respuesta asombró al señor grillo, que mientras veía la insignificante orugita avanzar no pudo guardarse su opinión: —¡eso es una locura!, eres muy pequeña para tan grande viaje. Cualquier tronco será una muralla, los charcos océanos, y encontrarás cientos de montañas, porque ese camino está lleno de piedras.

Por fortuna, la oruga se encontraba ya lejos, y no escuchó nada de eso; pero más adelante se topó con un escarabajo, que tuvo la misma reacción al saber su historia, pero además, el grosero bicho, quedó tumbado en el suelo, a causa de la risa que le provocaba la aventura de la oruga.

Nuestra amiga continuó su camino, ignorando aquella escena, cada vez con más empeño, aunque también salieron la rata, el sapo y la mosca para tratar de convencerla de desistir. La pobre ya había escuchado muchas veces que no lo lograría, sin embargo, seguía firme en su intento. Tanto que solo se detuvo a descansar en el momento que se sintió morir y con su último esfuerzo logró construir un lugar para descansar.

Los días siguientes, todos los animales del valle acudieron a ver los restos del animal más loco del que se tenga memoria. Se cuchicheaba que murió por querer realizar un sueño irrealizable. Llevan ahí a los más atrevidos para que tomaran aquello como advertencia, y no quisieran realizar tales hazañas.

Uno de tantos días, la concha dura en la que descansaban los restos de la oruga, empezaron a quebrarse, y los ojos de todos vieron con asombro que salían de ahí dos hermosas alas con los colores del arcoíris, en unos instantes, tenían frente a ellos una mariposa.

No había palabra que pronunciar, ella se fue volando hasta la gran montaña para realizar un sueño, el sueño por el que había vivido, por el que había muerto y por el que había vuelto a vivir.

Todos se habían equivocado. Poner la vida para realizar un sueño a veces no basta, hay momentos en que se necesita hacer un cambio radical y ver las cosas desde otra perspectiva.

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