La bufanda de los sueños

Desde muy pequeña, Sara aprendió a hilar con su abuelita; la viejecita le decía que tal y como tejía las prendas, debía hacerlo también con sus sueños, para que le fuera bien en la vida. En un principio, la corta edad de la niña no le dejaba entender muy bien lo que la señora decía, pero a medida que iba creciendo, observaba como todas las cosas tenían que ver unas con otras, y el secreto para continuar, estaba en saber unirlas.

Cuando entendió esto, prometió a su abuela tejer una bufanda, pero haciendo solo una hilera de puntadas, cada vez que lograra aplicar con éxito su consejo. Pasaron los días, los meses y los años, ella ya era una jovencita y la bufanda seguía aún muy corta.

Llegó el día en que el peso de los años hizo merma en la salud de la ancianita, entonces Sara se apresuró en tejer la bufanda y terminarla, para cumplir con la palabra dada a su nana. Pasó toda la noche en vela, concentrada en su tarea, y muy de mañana fue donde la viejecita con la prenda lista.

La abuela la vio con gusto, sin embargo no se sintió muy contenta de que trajera consigo la bufanda. Entonces le dijo: —Hija, me da gusto que te hayas convertido en una joven que cumple sus promesas, ahora sé que puedo confiar en tu palabra. Pero hay una cosa más que jamás quiero que olvides, la bufanda de los sueños es una prenda interminable, porque uno no debe dejar de soñar, los sueños te permiten fijar metas, y las metas cumplidas llenan tu vida de satisfacciones. No vayas tan aprisa tratando de complacer a los demás, porque puedes perder tu camino.

El amor entre ambas era demasiado, la abuela se había tomado el tiempo de ensenarle a su nieta cosas y Sara puso todo el empeño en mostrarle que sus consejos eran bien aplicados. Por fortuna tuvieron mucho más tiempo para compartir juntas, tiempo en el cual la bufanda de los sueños fue creciendo, lentamente, con puntadas firmes y bien hechas.

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