Cuento corto de terror El toque fantasmal

Ninguno de los cuarenta y tres empleados de la tienda departamental quería recibir la encomienda de buscar artículos en la bodega, pues el aspecto de aquel lugar no era muy agradable. Al parecer, las personas dejaron de ir ahí mucho tiempo atrás, así que se cubrió de polvo, telarañas, objetos en desuso y una gran cantidad de artículos que ya ni siquiera conservaban su forma original. En general, aquel almacén olvidado les producía escalofríos, sobre todo, a los integrantes del turno nocturno.

Cuando no había más remedio, los empleados procuraban ir en grupos mayores a cuatro, o ya en los momentos menos afortunados, lo hacían de dos en dos, tratando de ser lo más rápidos posible, aunque esta tarea no siempre era fácil de lograr, así fue como una noche cualquiera, Rocío y Mónica, recibieron la orden de adentrarse en el cuarto temido, después de las diez de la noche.

A unos pasos de la puerta, ambas chicas iban tan pegadas que parecían compartir una misma extremidad, avanzando lentamente, y saltando ante cada tintineo de las viejas luces, que esa noche en especial, parpadeaban como foquitos de navidad. En más de una ocasión quisieron volver, pero la responsabilidad del trabajo se imponía. Una vez dentro, un enorme pesar se posó en sus hombros, como si llevaran a cuestas una gran carga.

Se apresuraron a buscar lo que necesitaban, pero de pronto, sus movimientos se negaron a fluir al escuchar que alguien les pedía callar. Las chicas voltearon a todos lados tratando de encontrar la fuente de aquel sonido, pero lo único que recibieron a cambio, fue un ruido más, uno que asemejaba pasos, pasos de alguien que corría alrededor de ellas. Tras segundos de asecho, una de las chicas en un acto de confuso lleno de desesperación, grito: – ¡Muéstrate! – Entonces, la puerta de la bodega se cerró, las luces se apagaron, y ambas gritaron al sentir una quemadura fría en su piel.

Las luces volvieron de inmediato, la puerta estaba abierta y las chicas salieron corriendo donde sus compañeros, los cuales también se llevaron un susto tremendo, al ver las marcas que estás tenían, una de ellas en la pierna, la otra en el brazo, las dos muchachas aseguraban que “algo” las había sujetado en medio de la oscuridad, y ciertamente tenían las huellas para probarlo, solo que los moretones mostraban solamente tres largos dedos

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