AGUA

AGUA cuentos cortosEra el mejor de los años para Jesús; le fue muy bien en la universidad, practicaba deportes y además sus notas eran excelentes, lo cual lo hizo merecedor a una beca. Con todas estas buenas noticias, el chico estaba muy ansioso por ir a contárselo a la abuela, una mujer mayor que vivía en medio del bosque cuidando la granja que por muchos años construyó junto a su difunto marido.

Jesús estaba muy apegado a ella, también adoraba la granja, así que desde el primer segundo que puso un pie en ella, se dispuso a trabajar y recorrerla de arriba abajo para ver que había cambiado desde su última visita. Su emoción lo llevó incluso a visitar el lago ya entrada la noche. Se veía tan bello como recordaba, la luna y las estrellas se reflejaban por completo en el agua, trayendo el cielo hasta donde podía tocarlo.

Aquella visión maravillosa logró que el chico se perdiera en un mundo de sueños y fantasías, recostado sobre la suave hierba, dejaba flotar alrededor de él, sus más anhelados deseos. Sin embargó recordó a la abuela y lo preocupada que esta estaría si no volvía.

Al levantarse del suelo, en un segundo fugaz, vio en medio del lago una hermosa joven, perdiéndose entre los juncos, se tiró al agua, nadó rápidamente, pero sus esfuerzos no fueron suficientes, ella ya no estaba. Volvió a casa con una enorme sonrisa en la boca, no había conocido una mujer tan bella jamás; la emoción le impedía conciliar el sueño, pensaba en ella, y en ella nada más. Quería saber su nombre para pronunciarlo en todo momento, ver sus hermosos ojos para perderse en ellos, tenerla frente a frente para decirle que estaba enamorado. Sabía que era una loca idea, pero no estaba dispuesto a perder el tiempo.

Esa noche, se presentó en el lago más temprano, pero ella no estaba, y tampoco apareció, así pasaron los días, también las semanas. A punto estaba de perder la razón, mas no la esperanza, fue a esperarla una vez más, y en esta ocasión ¡ahí estaba ella!, chapoteando en el lago; el reflejo de la plateada luna llena sobre su cuerpo mojado, le hacían desprender un brillo casi cegador, sin embargo, esto mismo servía para que el muchacho supiera perfectamente hacia donde nadar.

Al llegar hasta la mujer, simplemente la tomó entre sus brazos, lleno de amor, lleno de ilusión, pero falto de ella; la chica no existían era solo agua, agua que se negaba a aquel abrazo, a ser aprisionada junto a su cuerpo, agua que se llevó consigo las lágrimas de decepción de Jesús. Volvió a la orilla con el corazón destrozado y falto de ilusiones, frente a sus ojos allá a lo lejos, seguía chapoteando en el lago, sin embargo no era otra cosa que agua, una traviesa cascada que con ayuda de la luna llena y algunos juncos, engañaron el corazón de un joven inexperto.

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