Enrique quería comer sólo caramelos. No le importaba que se le cariaran los dientes, porque eran de leche y ya se le caerían. Tampoco le importaba que por no comer no creciese, porque si se mantenía pequeño nadie le negaría nunca un caramelo.
Una noche, mientras sus padres dormían, abrió el ropero donde su madre escondía la bolsa de caramelos. Estaba en el estante más alto y Enrique apenas alcanzaba al más bajo. Logró trepar los estantes, pero no alcanzó a sacar la bolsa. Apenas pudo empujarla haciendo que un caramelo cayera golpeándole la cabeza. Lo recogió y salió apurado del cuarto de sus padres para esconderse en el suyo y comerlo.
Era el caramelo más rico que hubiera probado nunca. Lamentó que fuera sólo uno. Luego de una hora chupándolo, Enrique notó que el caramelo no se había achicado. Se lo sacó de la boca y el caramelo estaba como recién desenvuelto. Volvió a llevárselo a la boca y estuvo chupándolo una hora más sin consumirlo. Pasó otra hora más y otra y a Enrique le vino sueño. Volvió a sacarse el caramelo, esta vez con la intención de tirarlo y un nuevo caramelo apareció en su boca. Lo sacó y apareció otro; sacó el nuevo caramelo y apareció uno más, como los magos que se sacan un pañuelo sin fin de la boca.
Empezó a llorar. Había comido tanto dulce que las lágrimas le salieron almibaradas. Lloró hasta quedar completamente cubierto de almíbar. Llamó a sus padres pero ninguno respondió. Por la ventana abierta entró un picaflor y los ojos del picaflor se abrieron enormes al ver a Enrique hecho un niño de azúcar. Empezó a picarle la nariz que se había cristalizado y logró arrancarla. Así siguió con todo el cuerpo hasta que se hartó. Los huesos de Enrique eran el caramelo más fino que el picaflor hubiera probado nunca, cuando se hartó de picarlos los cargó en el pico y voló llevándoselos a sus pichones, que gustan tanto del dulce como los niños humanos
domingo, 30 de septiembre de 2012
domingo, 2 de septiembre de 2012
Cerrando un capítulo
Cinco años de amor, interrumpido solo por el cosquilleo de mariposas en la panza, por el temblor de mirarte a los ojos, compromiso, vestido de novia, felicidad. Y de pronto, nada, ni un llamado, ni tu presencia, otra en tu camino, y olvido total. mi historia no cerro, que hice? en que falle? porque? sin respuestas, mar de lagrimas durante años. Luego otra historia, nada igual, todo bien pero porque no pude ser feliz antes, con el primer amor?
Un cumpleaños despues de treinta años, un llamado, disculpas,promesas, todo lo que falto en aquel momento. Deje todo, y fui detras del fin de mi destino, terminar viejitos juntos, y la vida se encargo de darme el ultimo capitulo. Por què perdi tanto tiempo buscando la felicidad? el amor? si estaba en mi casa, en mis hijos, en el compañero, marido, amante de tantos años!. Como fui sincera y fui leal a ese hombre que amortiguo el dolor con tranquila espera, todos, todos me perdonaron, no se hablo mas del tema y vivimos mas felices sin sombras del pasado.
Un cumpleaños despues de treinta años, un llamado, disculpas,promesas, todo lo que falto en aquel momento. Deje todo, y fui detras del fin de mi destino, terminar viejitos juntos, y la vida se encargo de darme el ultimo capitulo. Por què perdi tanto tiempo buscando la felicidad? el amor? si estaba en mi casa, en mis hijos, en el compañero, marido, amante de tantos años!. Como fui sincera y fui leal a ese hombre que amortiguo el dolor con tranquila espera, todos, todos me perdonaron, no se hablo mas del tema y vivimos mas felices sin sombras del pasado.
viernes, 24 de agosto de 2012
La cámara de los tesoros
Me encontraba en la playa de un mar verdoso. Las olas rompían mansamente,
depositando espuma sobre la arena. La brisa marina me despeinaba, acariciaba mi
rostro, y seguía hacia unas enormes dunas que se sucedían unas tras otras, y
brillaban bajo un sol cálido casi tanto como el mar.
Seguí la playa sin saber hacia dónde iba, observando alternadamente al mar de agua y al mar de dunas. En determinado momento me di cuenta de algo; no había visto a ningún ser vivo. Busqué en el cielo, desparramé la vista por la arena, escuché, no había nada, el rumor del mar era el único sonido en aquella soledad.
Seguí caminando por lo que me pareció largo tiempo. Me detuve de pronto al ver una estructura que sobresalía entre las dunas; era una pirámide. A medida que me fui acercando a la pirámide me di cuenta de lo enorme que era. En la punta tenía algo muy brillante, que casi enceguecía con su resplandor, y protegiéndome del resplandor con la mano puesta delante de mi cara, pude ver por entre mis dedos que la punta de la pirámide estaba hecha de oro.
Oro. Me acerqué más pensando en el reluciente metal. En una de las caras de la base había una abertura. Sobre la abertura había una inscripción tallada que no comprendí. Entré a la pirámide. Atravesé un largo y oscuro pasadizo hasta que salí en una cámara amplia. La cámara estaba iluminada por unas antorchas que sostenían cinco estatuas de piedra, que tenían cabeza de chacal.
En el fondo de la cámara había otra abertura, otro pasadizo. Con mucho cuidado tomé una de las antorchas; la estatua parecía mirarme aunque no se movía. Provisto con esa fuente de luz, me interné en el nuevo pasadizo. Éste era más largo que el primero, e iba descendiendo gradualmente. Paré al iluminar el comienzo de una escalera que descendía muy inclinada hacia la completa oscuridad.
Comencé a bajar temerariamente, escalón por escalón. La antorcha sólo alcanzaba a iluminar unos pocos escalones hacia abajo, más allá era todo penumbras.
Tras un descenso que me pareció larguísimo, llegué a una cámara repleta de tesoros. Oro, piedras preciosas, brillaban, refulgían como estrellas. Giré sobre mi mismo observando todo aquello, y entre los tesoros vi un sarcófago que estaba en posición vertical.
Súbitamente los objetos comenzaron a brillar menos, y los más lejanos fueron desapareciendo en la oscuridad; la antorcha se estaba apagando. Cuando la llama se extinguió del todo quedé en medio de la más absoluta oscuridad, y en ese momento escuché un ruido, y comprendí que el sarcófago se estaba abriendo. Después escuché pasos que se me acercaban, y cuando mi terror llegó a un punto insoportable, desperté
Seguí la playa sin saber hacia dónde iba, observando alternadamente al mar de agua y al mar de dunas. En determinado momento me di cuenta de algo; no había visto a ningún ser vivo. Busqué en el cielo, desparramé la vista por la arena, escuché, no había nada, el rumor del mar era el único sonido en aquella soledad.
Seguí caminando por lo que me pareció largo tiempo. Me detuve de pronto al ver una estructura que sobresalía entre las dunas; era una pirámide. A medida que me fui acercando a la pirámide me di cuenta de lo enorme que era. En la punta tenía algo muy brillante, que casi enceguecía con su resplandor, y protegiéndome del resplandor con la mano puesta delante de mi cara, pude ver por entre mis dedos que la punta de la pirámide estaba hecha de oro.
Oro. Me acerqué más pensando en el reluciente metal. En una de las caras de la base había una abertura. Sobre la abertura había una inscripción tallada que no comprendí. Entré a la pirámide. Atravesé un largo y oscuro pasadizo hasta que salí en una cámara amplia. La cámara estaba iluminada por unas antorchas que sostenían cinco estatuas de piedra, que tenían cabeza de chacal.
En el fondo de la cámara había otra abertura, otro pasadizo. Con mucho cuidado tomé una de las antorchas; la estatua parecía mirarme aunque no se movía. Provisto con esa fuente de luz, me interné en el nuevo pasadizo. Éste era más largo que el primero, e iba descendiendo gradualmente. Paré al iluminar el comienzo de una escalera que descendía muy inclinada hacia la completa oscuridad.
Comencé a bajar temerariamente, escalón por escalón. La antorcha sólo alcanzaba a iluminar unos pocos escalones hacia abajo, más allá era todo penumbras.
Tras un descenso que me pareció larguísimo, llegué a una cámara repleta de tesoros. Oro, piedras preciosas, brillaban, refulgían como estrellas. Giré sobre mi mismo observando todo aquello, y entre los tesoros vi un sarcófago que estaba en posición vertical.
Súbitamente los objetos comenzaron a brillar menos, y los más lejanos fueron desapareciendo en la oscuridad; la antorcha se estaba apagando. Cuando la llama se extinguió del todo quedé en medio de la más absoluta oscuridad, y en ese momento escuché un ruido, y comprendí que el sarcófago se estaba abriendo. Después escuché pasos que se me acercaban, y cuando mi terror llegó a un punto insoportable, desperté
domingo, 19 de agosto de 2012
El recuerdo o la esperanza
Despertó asustada buscando, más que con sus manos, con su alma el cuerpo de
Fernandito, le había costado dormirlo por la tos.
La puerta se había abierto con el viento, cómo le pegaba la soledad cuando se
despertaba en la madrugada creyendo que había vuelto…
No pudo volver a conciliar el sueño, prendió una vela a la virgen de los
ángeles y se sentó en la hamaca a meditar con profunda tristeza: la vida, más
bien las circunstancias, le habían arrebatado la paz. Es que apenas habían
pasado diez meses y no sabía si resignarse al recuerdo o mantener la esperanza.
Conoció a Ricardo siendo apenas una chiquilla, pero desde la primera vez que
lo miró a los ojos se sintió mujer, fue en una fiesta patronal donde los
presentaron, él era de aspecto maduro para su edad, moreno, de cejas
pronunciadas y sus brazos dejaban notar el sin fin de laderas que había volcado
con la pala, Dulce lo flechó con su sonrisa y con sus ojos que no necesitaban de
palabras.
Maduraron las caricias y la moral se desbarató un día dejando a Dulce
embarazada. Unos meses atrás la noticia hubiera sido una bomba pero, para
asombro de ambos, nadie le prestó mayor importancia.
Por esos días habían llegado unos extranjeros gordinflones a negociar con la
gente del pueblo, ofrecían cambiar fincas por casas y empleos en la ciudad,
empleos de mierda, pero muchos se la creyeron, abandonando cultivos, trabajo
digno y monte por un poco de suerte.
Ricardo le insistió a su padre que se quedaran, se enojaron, su madre tuvo
que intervenir para que aquello no terminara en golpes, pero nada pudo hacer
para que el cerrado de su esposo cayera en cuenta. La pareja de viejos se fue
con un montón de familias que se creían pobres a convertirse en pobres de
verdad.
El problema en el pueblo surgió meses después, cuando el monocultivo de los
gordinflones empezó a afectar a los que se quedaron. Los comerciantes
prefirieron los precios bajos de éstos, dejando al resto comiéndose sus papas o
trabajando para los misters por salarios de limosna.
Ricardo empezó un alboroto, tomó primero la opinión del sacerdote, quien le
aseguró que organizarse para defender a su gente no era ningún pecado. Se reunió
con los vecinos dispuestos a reclamar. Poco duró la iniciativa, rapidito
llegaron amenazas anónimas de acabar con quienes buscaran derechos. La mayoría
dejó de asistir a los encuentros que se convirtieron en furtivos.
La mañana de la desaparición Dulce le besó la frente y mientras lo persignaba
le dijo con ternura: “Ricardo, hoy cumple un año Fernandito, llegue temprano pa’
que comamos juntos”. Qué iba a saber él que no volvería, le asintió mientras le
apretaba la sonrisa con un beso.
viernes, 10 de agosto de 2012
La fuerza del deseo
El yoga Ramakrishna ilustra, mediante una parábola, la intensidad del deseo que
debemos tener:
El maestro llevó al discípulo a las proximidades de un lago.
Hoy voy a enseñarte qué significa verdadera devoción – dijo.
Le pidió al discípulo que entrase con él en el lago y, sujetándole la cabeza, se la empujó bajo el agua.
Transcurrió todo un minuto y, a mitad del segundo, el muchacho comenzó a debatirse con todas sus fuerzas para librarse de la mano del maestro y poder volver a la superficie.
Al final del segundo minuto, el maestro lo soltó. El muchacho, con el corazón acelerado, consiguió erguirse, jadeante.
¡Usted ha querido matarme! – gritaba.
El maestro esperó a que se calmara, y dijo:
- Si hubiera querido matarte, lo habría hecho. Sólo quería preguntarte qué sentías mientras estabas bajo el agua.
- ¡Yo sentía que me moría! ¡Todo lo que deseaba en esta vida era respirar un poco de aire!
- Se trata de eso exactamente. La verdadera devoción sólo aparece cuando tenemos un único deseo y llegaremos a morir si no conseguimos realizarlo.
El maestro llevó al discípulo a las proximidades de un lago.
Hoy voy a enseñarte qué significa verdadera devoción – dijo.
Le pidió al discípulo que entrase con él en el lago y, sujetándole la cabeza, se la empujó bajo el agua.
Transcurrió todo un minuto y, a mitad del segundo, el muchacho comenzó a debatirse con todas sus fuerzas para librarse de la mano del maestro y poder volver a la superficie.
Al final del segundo minuto, el maestro lo soltó. El muchacho, con el corazón acelerado, consiguió erguirse, jadeante.
¡Usted ha querido matarme! – gritaba.
El maestro esperó a que se calmara, y dijo:
- Si hubiera querido matarte, lo habría hecho. Sólo quería preguntarte qué sentías mientras estabas bajo el agua.
- ¡Yo sentía que me moría! ¡Todo lo que deseaba en esta vida era respirar un poco de aire!
- Se trata de eso exactamente. La verdadera devoción sólo aparece cuando tenemos un único deseo y llegaremos a morir si no conseguimos realizarlo.
sábado, 4 de agosto de 2012
La primavera
Erase una vez un hada llamada Sofía, que trabaja en el jardín “De las flores” Tenía el pelo rubio, brazos largos, y patitas cortas. Vivía en un bosque y se encargaba de despertar a las flores en primavera.
También le ponía un poquito de su perfume para que las personas se acerquen a olerlas. Estaba ilusionada porque había llegado al fin lo que ella estaba esperando “la primavera” desde hacía ya mucho tiempo.
Como estaba tan contenta, quiso repartir su polvillo a todas las margaritas, rosas, jazmines, orquídeas, etc. ¡Raro fue el problema!, porque cuando fue a su bolsita mágica ella ya lo había acabado todo!!
Se preocupó mucho porque no podía repartir el resto de polvo a las flores. Estaba muy triste, fue a su casita en el árbol y se puso a llorar. De repente una luz muy brillante apareció y Sofía dijo:
-¿Quién eres tú?, La luz le respondió:
-Soy Frida el duende mágico y vengo ayudarte
-¡Qué alegría! ¡Qué sorpresa!
- Mañana a primera hora te veo en la flor margarita; para que me cuentes tu problema porque tengo muchos más que resolver hoy.
Al día siguiente el duende mágico, y el hada se encontraron en la flor que avían acordado. Frida y Sofía charlaron por un largo rato. Sofía le contó a el su problema y el duende tan amable se lo solucionó, dándole el polvo que quería.
También Frida le dio unos hongos grandes y rojos para que lo recordara y se lo comiera.
miércoles, 25 de julio de 2012
Siempre a mi lado
Hace dos años fui a Lourdes a ver a la Virgen. Por aquel entonces mi padre estaba muy enfermo y grave, y los médicos ya lo habían desahuciado un año atrás. Cuando llegué vi tantos enfermos que realmente me pareció egoísta pedir algo a la Virgen para mí y cansada por el viaje decidí dar una vuelta con unos compañeros. El día estaba nublado y no había sol, en un momento dado me paré cerca del Santuario y pensé hacer una foto. En aquel lugar no había nada especial, sin embargo sentí en el corazón que debía fotografiar aquel lugar, y no sabía porque.
Llevé las fotos a revelar y nada parecía irregular hasta que en una de ellas había algo que no encajaba, precisamente en aquella que había tirado al azar. Se trataba de tres bolas blancas, como si hubiera niebla o humo, que tapaban la totalidad de la parte izquierda de la imagen. Me sorprendió y comprobé que en el negativo también aparecían esas manchas. Fui a ver a un experto en fotografía y me explicó que fuera lo que fuera, aquello no era defecto del negativo y que si eso había salido en la imagen era porque estaba delante del objetivo en aquel momento, cuando ni yo ni nadie vimos nada. Una cosa así se ve. Pero la historia comienza después, cuando a mi padre lo vuelven a hospitalizar grave.
Mi madre se encariñó con la foto por ser “especial” y una noche que le velaba, puso debajo de su almohada la fotografía y rezó con esperanza. Al día siguiente fuimos mi hermano y yo al hospital y le notamos mejor… Al cabo de unos días le daban el alta. El médico que le atendió se confesó sorprendido por la rápida mejoría en menos de 24 horas.
Llevé las fotos a revelar y nada parecía irregular hasta que en una de ellas había algo que no encajaba, precisamente en aquella que había tirado al azar. Se trataba de tres bolas blancas, como si hubiera niebla o humo, que tapaban la totalidad de la parte izquierda de la imagen. Me sorprendió y comprobé que en el negativo también aparecían esas manchas. Fui a ver a un experto en fotografía y me explicó que fuera lo que fuera, aquello no era defecto del negativo y que si eso había salido en la imagen era porque estaba delante del objetivo en aquel momento, cuando ni yo ni nadie vimos nada. Una cosa así se ve. Pero la historia comienza después, cuando a mi padre lo vuelven a hospitalizar grave.
Mi madre se encariñó con la foto por ser “especial” y una noche que le velaba, puso debajo de su almohada la fotografía y rezó con esperanza. Al día siguiente fuimos mi hermano y yo al hospital y le notamos mejor… Al cabo de unos días le daban el alta. El médico que le atendió se confesó sorprendido por la rápida mejoría en menos de 24 horas.
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